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La Hora Global. Bielorrusia empujada al lado oscuro y el trilema judio (T03P16)

Por

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EN ESTE PROGRAMA

      • Bielorrusia empujada al lado oscuro

    – Rodrigo Melgar

    • El trilema jud√≠o

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BIELORRUSIA EMPUJADA AL LADO OSCURO

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Un avión que no llega a destino, un pasajero detenido, una crisis internacional.

Los nombres de Roman Protasevich (periodista independiente) y de Alexander Lukashenko (presidente de Bielorrusia) quedaron ligados en los titulares y como tema de debate y tratamiento diplomático en estos días.

Seg√ļn los gobiernos occidentales, el vuelo de Ryanair procedente de Atenas y con destino a Vilna, Lituania, fue desviado a Minsk con la excusa de una amenaza de bomba, con el objetivo de detener a Roman Protasevich, un periodista disidente de 26 a√Īos.

En un video publicado por el gobierno, confes√≥ haber participado en la organizaci√≥n de ‚Äúdisturbios masivos‚ÄĚ el a√Īo pasado, pero sus amigos dicen que la confesi√≥n se hizo bajo amenaza.

Rodrigo Melgar nos da una perspectiva geopolítica de esta crisis y el momento de decisiones que se esta viviendo en Europa Oriental.

Rodrigo Melgar

Licenciado en Relaciones Internacionales.
Aspirante a Profesor Adscrito de Historia de las Relaciones Internacionales, culminando como Magíster en Historia.
Postgrado de Historia Cultural.

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ISRAEL Y EL TRILEMA JUD√ćO

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Israel debe su existencia como nación institucionalizada y viable a varios factores: mitos fundacionales, una empatía generalizada con un destino trágico, un lobby político innegablemente eficiente, el apoyo logístico sin límites de las élites estadounidenses y fundamentalmente, una vez en funcionamiento es experimento etatico, un nivel de capacidades militares y tecnológicas muy superiores a las de sus adversarios.

La expansión es, en la lógica de la guerra, la consecuencia inmediata al triunfo militar sobre el terreno. La expansión será de facto, militar y en presencia física o por medio de una influencia política sobre los territorios en disputa.

El Imperio ruso es un buen ejemplo para distinguir ambos matices. Su consolidaci√≥n implic√≥ la conquista y ocupaci√≥n f√≠sica de una vasta geograf√≠a y la ‚Äúherencia‚ÄĚ que los bolcheviques recibieron de Nicol√°s II fue una amalgama de naciones y etnias unificadas a la fuerza bajo un poder centralizador.

Sin embargo, el final de la Segunda Guerra Mundial implicó el dominio político manteniendo la institucionalidad de una serie de países, barridos hacia adentro de la cortina de hierro.

Israel aterrizó en territorio palestino en guerra desde el primer minuto, amenazada de muerte por los cuatro costados. Su superioridad militar, trasplantando infraestructura desde Estados Unidos, le permitió defenderse, lo que le permitió triunfar, lo que le permitió conquistar, lo que le permitió dominar.

Pero al existir como potencia regional, al estar en disputa su dominio en forma permanente, Israel no puede escapar a las contradicciones y dudas existenciales de un estado moderno. Los dilemas del deber ser de los Estados.

El primero de ellos es su dise√Īo. El car√°cter de democr√°tico de los pa√≠ses parec√≠a un anhelo com√ļn hace cuatro d√©cadas. Hoy tiene defensores, pero tambi√©n detractores con cierta fuerza en ciertos c√≠rculos de poder y lo dicen p√ļblicamente. China, por ejemplo, la desech√≥ expl√≠citamente en 1976 como herramienta. Si la estructura democr√°tica es la elegida, se da vuelta la pir√°mide de decisi√≥n y entonces los poderes del Estado tiene sobre s√≠ la autoridad soberana popular.

All√≠ se expresa el segundo dilema. ¬ŅC√≥mo integramos ese "pueblo" que en √ļltima instancia es el decisor? El ejemplo griego de una democracia selectiva limitada a ciudadanos categorizados nos marcar√° siempre. Los primeros tiempos de Israel fueron f√°ciles en ese sentido, no era necesario ni prioritario. Las puertas del pa√≠s se abrieron de par en par, otorgando a todo jud√≠o el derecho a ser ciudadano. El que bajaba del barco era ciudadano. En 1952, luego de la guerra √°rabe-israel√≠ del ’48, Israel tom√≥ la decisi√≥n de conceder la ciudadan√≠a israel√≠ a los √°rabes que permanecieron dentro de fronteras y tienen, sobre el papel, los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano de Israel, aunque en la pr√°ctica afrontan una importante discriminaci√≥n institucional. Musulmanes, drusos y cristianos se sumaron sin integrarse al colectivo israel√≠. Hoy son el 20% de la poblaci√≥n intra-israel√≠.

Un tercer dilema es siempre constitucional. C√≥mo se define un estado desde el punto de vista filos√≥fico, pol√≠tico, religioso y hasta moral es un dilema importante para cualquiera. Estados Unidos, matriz fundacional de los estados democr√°ticos modernos, respondi√≥ a su realidad multinacional (inglesa, francesa, territorios ex-espa√Īoles) pero no multi√©tnica.

Un trilema se da cuando tres elementos no pueden existir al mismo tiempo. Israel lleva viviendo en uno de esos trilemas desde hace más de medio siglo. A pesar de la aparente complejidad del conflicto entre israelíes y palestinos, el fondo se reduce a una explicación simple: Israel no puede ser al mismo tiempo un Estado judío, tener un carácter democrático y mantener el control sobre todos los territorios y poblaciones que ahora domina. La segregación etnorreligiosa, los recurrentes estallidos de violencia y el deterioro de la imagen internacional de Israel son resultados directos de la irresolución de dicho trilema.

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ABRELATAS: LOS BUENOS Y LOS MALOS

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En casi todos las grandes y peque√Īas narrativas que le dan forma a nuestra manera de ver el mundo hay una fuerte bipolaridad. Las cosmovisiones m√°s difundidas entre las civilizaciones de todos los tiempos contienen la afirmaci√≥n de que nuestras vidas y nuestras sociedades, est√°n inmersas en una lucha permanente entre el bien y el mal. Mitos, leyendas y religiones cuentan de mil maneras ese eterno conflicto. Dios y el diablo, Ying y Yang, Eros y Tanatos, Batman y el Joker.

Otra caracter√≠stica de nuestra especie, tambi√©n presente en todas las √©pocas y civilizaciones es la atracci√≥n por la simetr√≠a. La simetr√≠a va a asociada a la belleza, al orden, al equilibrio. El artista menos conformista que culmina su obra de arte, rompiendo todos los c√°nones aceptados, termina en general encuadr√°ndola en un marco rectangular y por lo tanto sim√©trico. Es, en el aspecto formal, la traducci√≥n de la bipolaridad con la que vemos el mundo: la simetr√≠a se organiza a los dos lados de un eje. En √©ste tipo de simetr√≠a que estamos hablando, ambos lados se corresponden, hay un equilibrio. Tambi√©n hay un equilibrio entre el bien y el mal, es din√°mico pero interminable. El fin del antagonismo est√° siempre proyectado en el futuro. Despu√©s de la muerte, en el juicio final o despu√©s de alcanzar la inalcanzable sabidur√≠a. Entretanto el combate contin√ļa.

Esas dualidades reflejan nuestra doble naturaleza, biológica y cultural. No existe el ser humano despojado de toda socialización. Ni siquiera Tarzán.

La base material de lo que venimos de decir, el √≥rgano de nuestra bipolaridad, es el cerebro. El mismo es relativamente sim√©trico y bipolar, con dos partes fuertemente conectadas pero diferentes en cuanto a sus funciones y capacidades. No se trata de un hemisferio del bien y otro del mal. Se trata de un todo resultado de la supervivencia, perfeccionado por la supervivencia y dedicado a la supervivencia. Miles de siglos en que algunas caracter√≠sticas biol√≥gicas √ļtiles para vivir y reproducirse se transmiten de generaci√≥n en generaci√≥n. Simult√°neamente se transmite tambi√©n la capacidad de darle nombres a las cosas, fabricar explicaciones, inventar rituales, crear mundos hechos de palabras, imaginar y desarrollar t√©cnicas y herramientas para modificar lo que nos rodea.

El resultado parece paradójico, porque tenemos la capacidad de actuar de manera egoísta o altruista, constructiva o destructiva, ambas conductas son humanas y potenciales en cada individuo. Ambas conductas tienen a la vez una base biológica y una social, que llamamos cultural o ideológica.

Si estas rápidas afirmaciones contienen algo de verdad, la dualidad con que ordenamos nuestra visión del mundo y la idea de un combate entre el bien y el mal están ancladas en la condición de nuestra supervivencia. Nos ha servido para llegar, como especie, hasta hoy. Seguirá sirviéndonos en el futuro?

Estamos viviendo cambios que son cada vez más rápidos, profundos y que parecen inevitables. El tiempo biológico, el tiempo tecnológico y el tiempo ideológico no son iguales. Estamos en una situación límite donde nuestra capacidad de comprender el mundo va más lento que nuestra capacidad para modificarlo.

Así como un martillo sirve indiferentemente a clavar un clavo o romperle la cabeza a alguien, la tecnología conlleva la capacidad del bien y el mal. Estamos rodeados de armas de destrucción masiva. No solo las armas nucleares, o los gases tóxicos. La capacidad de destruir economías enteras transfiriendo, en lo que lleva tocar una tecla, miles de millones de dolares, o de hacer circular a la velocidad de la luz mentiras que lleven un pueblo al caos, o a consumir lo innecesario o a despreciar la naturaleza o la salud privilegiando la acumulación de capital. Gracias a la tecnología
podemos hacer mucho m√°s de lo que comprendemos, somos demasiados arriba del planeta, las grandes decisiones y el poder est√°n en manos de pocos y sobran versos para abrumarnos con lo que es el bien y el mal.

Los cambios en las narrativas que explican el mundo en que vivimos siguen reglas diferentes a las biol√≥gicas. Es en nuestra limitada visi√≥n del mundo que las cosas se complican y en donde puede jugarse nuestra eventual supervivencia. Lo que puede hacer la ciencia en pocos meses le lleva milenios a la filosof√≠a. Nos hacemos las mismas preguntas desde hace al menos 3000 a√Īos. Eso no es grave, lo grave es que seguimos dando las mismas respuestas.

La resistencia que tenemos para cambiar nuestra visión del mundo obedece a tiempos donde la estabilidad y la continuidad tienen su premio, y donde quienes se aprovechan de la situación usan todos los medios para conservarla. La dualidad no alcanza para describir un mundo complejo, esa misma dualidad lo hace complejo. Tenemos el egoísta y el altruista dentro y fuera de nosotros. Tenemos un combate entre lo bueno y lo malo dentro y fuera de nosotros.

¬ŅExiste una narrativa capaz de conciliarnos? ¬ŅUna explicaci√≥n que sea √ļtil para nuestra supervivencia?

LEO HARARI

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La Hora Global: 60 minutos para comprender el nuevo desorden mundial

Este nuevo programa de Radiomundo busca analizar los hechos internacionales, no solo las noticias. Es un momento de profundos cambios de índole social, político y económico en todo el planeta, que incluyen desde la presidencia de Donald Trump en EEUU, el Brexit y la crisis de los refugiados en Europa y el viraje ideológico en América Latina, hasta una China protagonista como potencia mundial. Nada surge de la nada: la objetividad y un enfoque descriptivo serán en este programa buenas herramientas para llegar a conclusiones, entendiendo causas y consecuencias.

Conduce: Gustavo Calvo. Con Leo Harari
Emisión: Martes y jueves de 15 a 16 hs.

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Foto en Home: Bandera Israel (Pixabay)