Editorial

Candidatos como la gente

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Por Rafael Mandressi ///
@RMandressi

En estos d√≠as se ha vuelto a hablar, en Uruguay, del presidente de Francia. No en virtud de la actualidad francesa ni internacional, sino a ra√≠z del anuncio del Partido de la Gente de reclutar a sus candidatos a intendentes departamentales por medio de un proceso de selecci√≥n confiado a tres empresas consultoras. De acuerdo a lo que se ha divulgado, la idea de recurrir a este procedimiento fue inspirada por el m√©todo que emple√≥ el partido de Emmanuel Macron para designar a la mitad de sus candidatos a diputados en las elecciones legislativas de junio pasado, dos meses despu√©s de la elecci√≥n del propio Macron como presidente de la Rep√ļblica.

Al hacer referencia al antecedente franc√©s, se ha subrayado, no obstante, una diferencia notoria: se trata, para los liderados por el se√Īor Novick, de seleccionar candidatos a cargos ejecutivos y no legislativos. Otra diferencia, que tambi√©n ha sido se√Īalada, es que no habr√° de regir, en el caso del Partido de la Gente, el criterio de paridad de g√©nero, que s√≠ aplic√≥ el macronismo hace algunos meses. Existe una tercera, que quiz√° pueda parecer menor, pero que vale la pena consignar: el partido del se√Īor Macron no apel√≥ a intermediaci√≥n alguna para procesar el asunto, es decir no contrat√≥ los servicios de ninguna empresa consultora, sino que instituy√≥ una comisi√≥n de investidura ad hoc, presidida por uno de los lugartenientes m√°s experimentados del presidente, un viejo navegante de la pol√≠tica francesa, exministro, ex alto funcionario, gran conocedor del Estado, de las instituciones y del funcionamiento √≠ntimo de sus entra√Īas.

En otras palabras, el mecanismo de filtro de los postulantes, que fueron varios miles, estuvo integralmente piloteado desde el vientre pol√≠tico del movimiento En Marcha, aunque las formas hayan tenido rasgos de tipo empresarial, a la manera de una selecci√≥n de personal operada por una direcci√≥n de recursos humanos. De hecho, esas formas fueron ante todo un soporte para la propaganda en torno a la necesidad de renovaci√≥n de la que se hizo caudal antes y despu√©s de las elecciones presidenciales. Se trataba de dejar atr√°s viejas pr√°cticas y antiguos elencos, de refrescar el ambiente e implantar, como se suele decir en Uruguay, ‚Äúotra forma de hacer pol√≠tica‚ÄĚ.

Es probable que el √©xito electoral del se√Īor Macron se deba en parte a esa oferta. Resta saber si la propaganda era algo m√°s que un envoltorio colorido, y qu√© tanto se han satisfecho las ansias de cambio. Una promesa, al menos, se cumpli√≥: la hecatombe de parlamentarios de los partidos tradicionales se produjo, y llegaron a la c√°mara de diputados decenas de novicios. La ‚Äúotra forma de hacer pol√≠tica‚ÄĚ, sin embargo, no apareci√≥, salvo que consista en torpeza, desprolijidad, desorden y desconocimiento.

Las presuntas virtudes redentoras de la ‚Äúsociedad civil‚ÄĚ, ensalzada como una suerte de enorme tribu de buenos salvajes a la Rousseau, que habr√≠an de traer consigo rectitud, abnegaci√≥n y proximidad con las preocupaciones de esa entidad difusa conocida como ‚Äúla gente‚ÄĚ, tampoco se vieron mucho. As√≠, por ejemplo, una diputada que en la ‚Äúsociedad civil‚ÄĚ regenteaba una agencia de viajes, tuvo la luminosa y lucrativa idea de organizar visitas guiadas al Parlamento, que su peque√Īa o mediana empresa facturaba como si de excursiones a Disneylandia se tratase. Le hab√≠an dicho que la pol√≠tica era como una empresa, y se lo crey√≥.

Todo era un gran malentendido, en definitiva, ya que a esa alegre muchachada que la selección de personal macronista catapultó a sendas bancas legislativas se le pedía sólo que levantara la mano cuando se le ordenase hacerlo. De hacer cumplir al fin esa disciplina tuvieron que encargarse los capataces del presidente, viejos lobos de mar, políticos curtidos que siempre supieron que el Estado no lo gestiona cualquiera.

Tal parece ser, en el fondo, la f√≥rmula del populismo gerencial, cuya enga√Īapichanga de acariciar a la ‚Äúgente‚ÄĚ en el sentido del pelo se traduce, al fin y al cabo, en obediencia debida. Los votos pertenecen al jefe y no, por cierto, a las ignotas personas que la ola deposit√≥ en la orilla. La pr√≥xima marea se las volver√° a tragar y regresar√°n a la ‚Äúsociedad civil‚ÄĚ, de la que salieron animosas un d√≠a con la palabra ‚Äúgesti√≥n‚ÄĚ a flor de labios, sin sospechar que en realidad terminar√≠an balando la ideolog√≠a del patr√≥n.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, lunes 30.10.2017

Sobre el autor
Rafael Mandressi (Montevideo, 1966) es doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII, historiador y escritor. Desde 2003 reside en París, donde es investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica, director adjunto del Centro Alexandre-Koyré de historia de la ciencia y docente en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Es colaborador de En Perspectiva desde 1995.