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Segunda mirada
La ministra y los ni ni

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Por Rafael Porzecanski ///

El pasado jueves 14 de julio, una delegaci√≥n del Mides encabezada por la ministra Marina Arismendi se entrevist√≥ con la Comisi√≥n de Hacienda de la C√°mara de Representantes. En ese encuentro, la ministra realiz√≥ una serie de afirmaciones sobre los j√≥venes ‚Äúni ni‚ÄĚ que r√°pidamente tomaron estado p√ļblico, levantaron polvareda y generaron predominantemente desaprobaci√≥n ciudadana a juzgar por la reacci√≥n en diversas redes sociales.

La ministra declar√≥ que ‚Äúdetesta‚ÄĚ el t√©rmino ‚Äúni ni‚ÄĚ para aludir a los j√≥venes que no trabajan en forma remunerada ni se encuentran en el sistema de educaci√≥n formal. Conociendo varias declaraciones previas de la ministra, al menos dos razones explican su visceral rechazo a esa terminolog√≠a. En primer lugar, la expresi√≥n ‚Äúni ni‚ÄĚ se enfoca y hace hincapi√© en lo que los j√≥venes no hacen (‚Äúni‚ÄĚ estudian, ‚Äúni‚ÄĚ trabajan), lo que podr√≠a llevar a su estigmatizaci√≥n y a suponer que la ra√≠z del problema es de orden estrictamente cultural (es decir, una decisi√≥n de los j√≥venes asentada en pautas de vida re√Īidas con el esfuerzo y la disciplina).

Respecto a este primer punto, entiendo y comparto el sentir de la ministra. Como una vez escuch√© decir al soci√≥logo Luis Eduardo Mor√°s, cada ‚Äúni ni‚ÄĚ es tambi√©n un ‚Äúsin sin‚ÄĚ, un joven a quien el mercado laboral no le ha ofrecido oportunidades suficientes y a quien el √°mbito educativo ha sido incapaz de retener, entusiasmar y formar adecuadamente. Cuando un joven no estudia ni trabaja, pues, quien est√° en problemas no es solo el sujeto en cuesti√≥n sino todo un entramado institucional que deber√≠a ofrecer condiciones mucho mejores para una inserci√≥n social exitosa.

La segunda raz√≥n del enfado de la ministra con el t√©rmino ‚Äúni ni‚ÄĚ es que existe un sector muy significativo de j√≥venes que, pese a no estudiar ni percibir un ingreso, dedican varias horas del d√≠a a trabajos no remunerados. Al respecto, la apreciaci√≥n de la ministra tiene datos s√≥lidos que la respaldan. Seg√ļn las encuestas de hogares recientes, entre la poblaci√≥n juvenil entre 14 y 29 a√Īos hay aproximadamente un 18 % que no estudia ni trabaja (alrededor de 130.000 j√≥venes).

Sin embargo, como la misma ministra afirm√≥ durante el encuentro con la Comisi√≥n de Hacienda, cerca de una tercera parte de esos j√≥venes son los principales responsables del trabajo no remunerado en el hogar. Se trata, b√°sicamente, de mujeres que realizan tareas dom√©sticas de todo tipo y que se encargan de la crianza o cuidado de ni√Īos, adultos mayores y discapacitados.

Existe, adem√°s, otro numeroso subgrupo (cercano al 35 %) de j√≥venes que busca trabajo, lo que vuelve a relativizar y cuestionar la imagen cl√°sica del ‚Äúni ni‚ÄĚ ab√ļlico o descarriado. Al tomar estas realidades en cuenta, el llamado ‚Äún√ļcleo duro‚ÄĚ de los ni ni queda reducido a una cifra sustancialmente menor y hoy cercana a los 35.000 j√≥venes (un 5 % del total de los j√≥venes uruguayos). Ese ‚Äún√ļcleo duro‚ÄĚ ser√≠an aquellos j√≥venes que, adem√°s de no estudiar ni trabajar, tampoco buscan trabajo ni colaboran significativamente con las tareas del hogar.

Si bien las ciencias sociales uruguayas nos han permitido conocer mejor su perfil sociodemogr√°fico, es necesaria evidencia adicional para desentra√Īar cabalmente las razones de su desafiliaci√≥n social, para saber hasta qu√© punto dichas razones son coyunturales o duraderas y para pronosticar las consecuencias que esa desafiliaci√≥n tendr√° para su vida adulta.

El problema con la ministra Arismendi es que en su compartible af√°n de evitar la estigmatizaci√≥n y culpabilizaci√≥n de los j√≥venes (y en especial de los j√≥venes en situaci√≥n de pobreza) fue demasiado lejos y cay√≥ en simplificaciones inconvenientes. En especial, cuando la ministra afirm√≥ que ‚Äúmuchas veces no es verdad que [los ni ni] no trabajen. Trabajan mucho y por eso no estudian.‚ÄĚ la ministra incurri√≥ en una generalizaci√≥n que la evidencia disponible est√° muy lejos de respaldar. La realidad del gran bols√≥n de los ‚Äúni ni‚ÄĚ es por dem√°s compleja y exige reconocer una multiplicidad de causas, situaciones y trayectorias.

Solo a modo de ejemplo, entre los ni ni nos encontraremos: a quienes buscan una y otra vez trabajo sin encontrar una posibilidad decorosa o ajustada a sus perfiles; a madres adolescentes que deben postergar o abandonar sus estudios para dedicarse a la crianza de sus hijos; a j√≥venes (generalmente pobres y varones) seducidos por la pr√≥spera industria del narcotr√°fico para vender, vigilar o matar; a una variedad de casos con graves e inhabilitantes discapacidades psicof√≠sicas y a muchachos de diferentes estratos sociales que han sido ganados por la apat√≠a ‚Äďaunque quiz√°s s√≥lo temporariamente‚Äď en el marco de una educaci√≥n secundaria en graves problemas.

Podr√≠amos, adem√°s, agregar a una de las franjas m√°s problem√°ticas de la juventud uruguaya que usualmente no es contabilizada en las estad√≠sticas de los ‚Äúni ni‚ÄĚ pero que constituyen una de las peores caras de la desafiliaci√≥n y la fractura social: los m√°s de 500 menores infractores internados en el Sistema de Rehabilitaci√≥n Penal Adolescente (Sirpa) y los miles de adultos j√≥venes presos en las c√°rceles de nuestro pa√≠s (seg√ļn el √ļltimo censo carcelario, cerca del 35 % de los casi 10.000 reclusos ‚Äďcasi todos hombres‚Äď es menor de 25 a√Īos y otro 35 % tiene entre 26 y 35 a√Īos).

Para tantos y tan variados perfiles de j√≥venes, se requieren abordajes con acentos institucionales muy diferentes. Como bien destaca un informe sobre el tema: ‚ÄúLa heterogeneidad existente entre los j√≥venes ni ni¬†debe tener su correlato en el dise√Īo e instrumentaci√≥n de pol√≠ticas. Si entendemos que el conjunto de j√≥venes presenta diversas realidades, las respuestas desde las Pol√≠ticas de Estado tambi√©n debe ser amplias. Los desaf√≠os se encuentran relacionados con la importancia de aumentar las posibilidades de los j√≥venes de obtener y mantener un trabajo decente, lograr su reinserci√≥n en el sistema educativo (tanto formal como no formal), mejorar el sistema de cuidados para los j√≥venes con carga familiar y lograr dar respuesta a aquellos j√≥venes en situaci√≥n de mayor vulnerabilidad, entre otras.‚ÄĚ

Para futuras instancias ser√≠a saludable que, con el debido asesoramiento de su equipo t√©cnico, la ministra hilase m√°s fino al referirse a la poblaci√≥n de j√≥venes con dificultades de inserci√≥n laboral y educativa y a las causas que explican sus situaciones. No es mucho pedir. A fin de cuentas, estamos hablando de la principal autoridad y referencia del ministerio donde se dise√Īan e implementan buena parte de las pol√≠ticas sociales sobre juventud.

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Segunda mirada es el blog de Rafael Porzecanski en EnPerspectiva.net. Actualiza el s√°bado en forma quincenal.